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Grado de Venerable

CAMINO A LA SANTIDAD DE UN GRAN OBISPO

El 27 de marzo de 1905, llega a la ciudad de Saltillo Coahuila, un gran Obispo, sencillo, humilde, entusiasta, con grandes deseos de trabajar por su querida Diócesis, que como él decía: “Es la esposa que Dios me ha dado”.  Este gran Obispo es ahora Venerable Jesús María Echavarría y  Aguirre, quien se dedicó incansablemente a su Diócesis que ocupaba todo el estado de Coahuila.

El siervo de Dios fue un sacerdote generoso, de una piedad singular y siempre entregado al bien de las almas; su deseo fue que todos los niños, jóvenes y adultos conocieran y amaran a Jesús y a María.

Tuvo gran dedicación a los pobres, en ellos veía el rostro de Dios y como buen Maestro, luchó porque salieran de la ignorancia, estableciendo escuelas en diferentes lugares de la Diócesis, de esta manera evitaría que cayeran en la esclavitud.

Como Pastor impulsaba a sus sacerdotes, a los fieles brindaba atención, consejos y orientación en la labor apostólica que realizaba, tenía trabajando, catequistas, maestras y grupos de fieles.

Gran Apóstol en su labor evangelizadora, en esto fue incansable, no escatimaba esfuerzos, visitando todo el extenso territorio de la Diócesis. Enseñaba la Doctrina Cristiana y administraba los Sacramentos y propiciaba una educación integral.

Su servicio a la Diócesis de Saltillo duró 49 años. Su vida es dedicada a la oración, a la práctica de las virtudes y sirviendo con amor y dedicación a todos sus fieles. Las personas que lo conocieron expresan haber visto en él una persona llena de amor a Dios y a la Iglesia y cuantos lo trataban veían en él a un santo.

Muere con gran paciencia en medio de mucho dolor, pidiendo a Dios sufrir más por su Diócesis.

El día 5 de abril de 1954 a las 3.20 p.m. entrega su espíritu a Dios a quien tanto amaba en su vida.

Viendo sus fieles como vivió su vida, se inicia el camino hacia la santidad. El Sr. Obispo Dn. Francisco Villalobos Padilla abre el Proceso Diocesano el 5 de Abril de 1984, en la Catedral de Santiago Apóstol en Saltillo, dándole el título de Siervo de Dios.  Dicho Proceso Diocesano fue clausurado el 19 de agosto de 1995 en la misma Catedral por el mismo Sr. Obispo Villalobos.

Clausura 017

 

Este mismo día, Monseñor Oscar Sánchez Barba, Postulador, recibe la documentación correspondiente de manos del Sr. Francisco Villalobos Padilla, para llevarla al Vaticano en Roma, Italia y entregarla a la oficina de las Causas de los Santos.

En la ciudad de Saltillo, nuestro Padre  Dios  quiso que por intercesión del Siervo de Dios se realizara el presunto milagro en el Doctor Mario Alberto de la Peña Rebonato quien sufrió de Gangrena Gaseosa y habiendo hecho sus pacientes una cadena de oración al Siervo de Dios Jesús María, fue curado milagrosamente

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Este hecho es considerado como un presunto milagro y se abre el Proceso de estudio Super Miro (Presunto Milagro), el 28 de octubre de 1999 por el Sr. Obispo Dn. Francisco Villalobos Padilla. Se trabaja en él durante 1 año y 2 meses, de febrero del 2001, se entrega la documentación en las Causas de los Santos para continuar el Proceso Super Miro en el Vaticano, Roma, Italia.

En este momento pasa a lista de estudio el cual estará esperando su turno y su resultado dará el paso a la Beatificación. Hagamos oración para pronto alcanzarla.

El 8 de febrero de 2014 el Papa Francisco en audiencia con el Cardenal Angelo Amato, Prefecto de las Causas de los Santos autoriza al dicasterio del Vaticano promulgar el decreto de Virtudes heroicas.

 El Pontífice ha reconocido las virtudes heroicas del Siervo de Dios Jesús María Echavarría y Aguirre, 3er. Obispo de Saltillo (México) y fundador de las Hermanas Catequistas Guadalupanas.

Con este paso se le otorga el grado de Venerable.

REDACCIÓN DEL DECRETO DE VENERABLE

 

Sobre Las Virtudes

 

“El espíritu de sacrificio es un signo segura de que amamos a Jesucristo, hombre de dolores y este espíritu lo aprendemos y adquirimos con su gracia estudiando la intimidad de su corazón”

Estas expresiones, escritas por el siervo de Dios Jesús María Echavarría y Aguirre, describen eficazmente su perfil espiritual, caracterizado por una adhesión total al misterio de la cruz.

El siervo de dios nació el 6 de julio de 1858 en real de San Pedro de Bacubirito en el estado de Sinaloa, en México, y fue bautizado algunos días después. Su infancia, transcurrida en su familia que era acomodada, se caracterizó por una gran sensibilidad hacia los valores espirituales y por la experiencia religiosa, a pesar de que precisamente en aquellos años su país, devastado por la revolución, estaba invadido por un clima de polémica anticristiana. Asistió a la escuela en un periodo normal y durante la adolescencia descubrió la vocación a la vida sacerdotal. Por eso, a los dieciocho años entro al seminario y, después de un periodo de formación trascurrido en la oración y el estudio, al 28 de octubre de 1886 recibió la ordenación presbiteral.

Entre tanto, los excesos de la revolución trastornaban a México, con un noble saldo de violencias y destrucciones que llegaron a parecer una autentica persecución religiosa.

El joven sacerdote fue profesor en el seminario, administrador apostólico de la diócesis de Sinaloa y luego rector del seminario. En 1904 fue nombrado obispo de saltillo. Su actividad pastoral se distinguió desde el principio por una especial preocupación por la vida del clero: el siervo de dios acompañaba personalmente, a cada uno de los sacerdotes y se mostro siempre atento y comprensivo hacia sus justas exigencias, cuidando de su formación humana y espiritual.

Su persona irradiaba el amor y la paz de Jesús Buen Pastor lleno de humildad y de dulzura: todo esto se manifestó de manera singular durante las visitas pastorales que realizó no obstante la difícil situación histórica. A imitación del divino maestro, consideró el compromiso educativo como una de sus principales funciones: con esta óptica fundo las escuelas y colegios para niños y jóvenes, colaborando de manera particular con los hermanos de las escuelas cristianas. Uno de estos institutos, la academia de San Juan Bosco, estaba destinada a los muchachos de  escaso recursos.

Dio una orientación minuciosa y metódica también a la catequesis diocesana: en este sentido es muy importante la fundación del instituto de hermanas catequistas guadalupanas.

El Obispo Echavarría apareció plenamente inmerso en la problemática de su tiempo, iluminando con la esperanza cristiana los intentos de progreso que la sociedad mexicana estaba emprendiendo. Su espiritualidad se centraba en un proyecto de vida orientado constantemente al servicio de Dios y de los hermanos. En el sobresalía un profundo espíritu de oración, un constante ejercicio de las virtudes, una intensa devoción a la pasión de Cristo y un ferviente amor filial a la Santísima Virgen. En el difícil momento político y social de su país, el fue para todos un punto de referencia por su firma adhesión al magisterio de la iglesia. Inmerso en la contemplación del misterio de Dios, a la luz de la escritura aprendió a ver la voluntad de Señor en su existencia y en el laborioso camino del pueblo. Su figura autorizada se conjugaba con una extraordinaria mansedumbre, una gentileza innata, una constante actitud de comprensión, de cordialidad y de apoyo. Intensa y convencida fue su humildad y su paciencia sobre todo en la hora de la prueba. Fue un obispo completamente entregado con devoción a su grey y a sus sacerdotes.

El clima de persecución, sin envergo lo obligo a abandonar su país por lo menos en dos ocasiones y refugiarse en los estados unidos. Supo aceptar esta situación como una especial participación en el sufrimiento de Jesús Crucificado. Vuelto a México, permaneció al frente de la diócesis hasta la edad de 90 años. Murió el 5 de abril de 1954 en saltillo, besando el Crucifijo.

En virtud de su fama de santidad, del 12 de febrero de 1987 al 19 de agosto de 1995 en la cura eclesiástica de saltillo fue llevada a cabo la investigación diocesana, cuya validez jurídica fue reconocida por esta congregación, con decreto del 23 de noviembre de 1995. Preparada la Positio, se ha discutido, conforme al procedimiento acostumbrado, si el Siervo de Dios había ejercitado las virtudes en grado heroico. Con éxito positivo, el 5 de de noviembre del 2010 se tuvo el congreso peculiar de consultores teólogos. Los Padres Cardenales y Obispos en la sesión ordinaria del 4 de febrero del 2014, presidida por mí, Card. Angelo Amato, han reconocido que el Siervo de Dios ha ejercido en grado heroico las virtudes teologales, cardinales, y anexas.

Finalmente, hecha una cuidadosa relación de todas estas cosas al Sumo Pontífice Francisco por el suscrito Cardenal Prefecto, Su Santidad, recibiendo y ratificando los votos de Congregación para la Causa de los Santos, en este día declaró: Consta de las virtudes Teologales, Fe, Esperanza y Caridad, tanto hacia Dios como hacia el prójimo, y también de las Cardinales Prudencia, Justicia, Templanza y Fortaleza, y las anexas a ellas, en grado heroico, del Siervo de Dios JESÚS MARÍA ECHAVARRÍA Y AGUIRRE. Obispo de Saltillo y Fundador del Instituto de Hermanas Catequistas Guadalupanas, en este caso y para el efecto de que se trata.

El Sumo Pontífice mandó que este decreto de hiciera publico y se asentara en las actas de la Congregación para las Causas de los Santos.

Dado en Roma, el 7 de febrero del año del Señor 2014.

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