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28.- TESTIMONIO DEL PADRE MAURILIO MONTEMAYOR NARRO RODRÍGUEZ, S. J.

1. Conocí al Siervo de Dios cuando vine a Saltillo a dar unos Ejercicios Espirituales, siendo yo sacerdote Jesuita, aunque ya lo conocía de nombre por mis tías: Catalina, María y Genoveva Narro de Saltillo, ellas cantaban en el Templo de San Juan y platicaban mucho del Siervo de Dios.

2.En esas ocasiones que vine yo a Saltillo, siempre me dio la impresión de ser una persona muy de Dios, muy apacible en su conversación, mucho muy tranquilo con esas virtudes cristianas que se llaman: Mansedumbre, Paz, Paciencia, Tranquilidad, casi siempre lo veía sentado en una mecedora, platicábamos del Seminario, de los sacerdotes, de las Hermanas Catequistas Guadalupanas, me decía que era una obra en la cual tenía muchas esperanzas para provecho de las personas necesitadas del pueblo, de conocer la Religión Cristiana.

3.Por su mirada y su manera de hablar, me parecí a un hombre de mucha unión con Dios, un hombre místico, sus conversaciones eran puramente espirituales, yo lo notaba sumamente concentrado, atento, muy afable, un hombre de muy buena voluntad, tengo idea de que él se confesaba y dirigía con uno de los padres Jesuitas que estaban en el Templo de San Juan; lo que más me impresionó fue su humildad, y su sencillez, virtudes morales muy apreciadas que denotan que era un hombre de Dios.

4. La existencia de la Congregación de las Hermanas Catequistas Guadalupanas, el haber logrado la fundación, el que sus Constituciones sean aprobadas por la Santa  Sede, pienso que Dios bendijo esta obra y se valió del Siervo de Dios como instrumento. (Esas Constituciones fueron redactadas gran parte por él), son un testimonio evidentísimo de la grande unión que tenía con Dios, de que el Mesianismo de Cristo, “Evangelizar a los Pobres”, se verificara a la letra en las hermanas y esto significa la grande comprensión que el Siervo de Dios tenía en Cristo Nuestro Señor.

 

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