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31.- TESTIMONIO DEL EXCMO. SR. OBISPO FORTINO GOMEZ DE LEÓN

1. Fui rector del Seminario de Monterrey, N. L. desde 1918 hasta 1943 en que me consagraron Obispo de Oaxaca. Conocí al  Venerable Siervo de Dios Jesús María Echavarría y Aguirre en ese tiempo, porque mandaba a sus seminaristas con nosotros, ya que él en su Diócesis de Saltillo, no tenía Seminario Mayor. Él se preocupaba mucho para que tuvieran una buena formación; además el Obispo de Saltillo era dependiente del Arzobispo de Monterrey, todo facilitó para estrechar nuestras relaciones. Los seminaristas de Monterrey, pasábamos el verano en Saltillo. Cuando íbamos a pasar vacaciones,  el Señor Obispo nos visitaba dos o tres veces, iba él personalmente, no sólo con los sacerdotes sino aun con los seminaristas.  Nos trataba a todos con cariño, inclusive a los alumnos. Era muy amable ciertamente todo el que trataba con él, lo trataba con mucho cariño y platicaba con ellos hasta dos horas. No le tenían miedo, le tenían mucho respeto y cariño. Se distinguió en la humildad y en la caridad por ser bondadoso en ayudar a los más necesitados.

2.Siempre me impresionó la humildad, su bondad, a todos los sacerdotes y alumnos del Seminario nos trataba igual, con mucho amor, con mucho respeto, me pude dar cuenta que era muy sumiso y obediente a las órdenes del Arzobispo; nos visitaba y sentíamos su sincera amistad y lograba entrevistar a sus seminarista. Era muy fraternal, muy amable, los jóvenes seminaristas lo saludaban con mucho cariño y confianza, era muy caritativo, él pagaba la pensión de sus seminarista, fue siempre muy puntual en sus pagos, si alguno de sus estudiantes se enfermaba, se curaba por orden de él y bajo su vigilancia, estaba siempre a todas sus necesidades. Yo considero que las virtudes de la humildad y la caridad como él las practicó y en el grado en que él las vivió pueden ayudarlo a llegar a los altares.

 

32.- TESTIMONIO DEL P. MANUEL OROZCO MADRIGAL

1. Conocí al Venerable Siervo de Dios Jesús María Echavarría y Aguirre en 1930, y lo seguí viendo cuando venía a Culiacán; lo vi en Guadalajara en julio de 1941, recién ordenado yo.

2.Lo tengo muy presente, era muy fino, en su trato distinguidísimo, pero tenía un humor muy fino, persona de mucha piedad, muy profundo, se reflejaba en él una vida interior intensa; no era srio ni adusto, era un hombre muy amable, se veía en su cara con ese gozo especial que tienen la almas privilegiadas, los santos.

3.En una ocasión que lo vi, le supliqué que me informara, como era la única Parroquia de Culiacán, de la cual él fue párroco varios años; me fue explicando detalladamente cómo dar el mensaje, cómo había luchado para llevar adelante su misión.

4.  El Señor Obispo Uriarte organizó todo en Culiacán y encargó al Señor Echavarría como párroco de la Catedral de Culiacán, la construcción del Santuario Diocesano, dedicado al Sagrado Corazón de Jesús porque en el tiempo de Juárez aquella época tan difícil para la Iglesia, el Señor Anaya hizo voto de erigir ese –santuario y como él pasó a Chilapa, el Señor Uriarte se lo encargó al Señor Echavarría.

5.  Yo sé que para el Señor Obispo Uriarte, el Señor Echavarría era todo, fue de toda su confianza ( él ya estaba anciano) fue el tiempo cuando el Señor Obispo Portugal era primera Obispo de Saltillo.

6.  Todas las veces que lo traté, siempre me impresionó su delicadeza, tenía mucha gracia para decir las cosas, tenía un aspecto de asceta, de un hombre muy mortificado.

7.  El Señor Echavarría como Obispo, con Don Agustín, parecían hermanos gemelos, delicados y fervorosos en la Eucaristía. Hemos tenido una gracia de tener Obispos verdaderamente santos.

 

 

33.- TESTIMONIO DE LA HNA. MARÍA DEL CONSUELO ORTÍZ GÓMEZ H.C.G.

1. Ámbito de conocimiento

Conocí al Siervo de Dios en el año de 1922, yo fui alumna de las primeras  Hermanas Catequistas Guadalupanas y del primer colegio fundado por el Siervo de Dios llamado “ Colegio Guadalupano”, la mayoría de los niños éramos pobres y fui viendo el desprendimiento y la generosidad de Jesús María para sostener de su propio patrimonio el colegio y las Escuelas Hogar. Recuerdo muy bien que nos visitaba para ver cómo nos estaban enseñando y ver si progresábamos en las clases.

2.Cuidado de los pobres

A los niños pobres que vivían lejos o no tenían para desayunar, él disponía que las madres nos prepararan desayuno completo y también comida, siempre estaba la mesa puesta para los pobres; todo lo pagaba él. Yo observé el desprendimiento de sus bienes para dar a los necesitados. El colegio fue clausurado por orden del gobierno.

3.Tres meses después de que él regresó del destierro, ingresé al Instituto de Hermanas Catequistas Guadalupanas, él me dio la autorización y la admisión, conviví con  él en el Obispado y me di cuenta de que los sábados les daba su ayuda a los ancianos, a gente indigente, necesitada y nosotras le ayudábamos a repartir dinero, despensas, ropa, todo de sus bienes o donativos, nada de la Diócesis, a nosotras también nos pasaba cierta cantidad para nuestro sustento diario.

4.  Su vida de oración

Él era muy sencillo, como sencilla era su casa, todos sus muebles, así era su modo de ser pobre y desprendido. El Señor Cura Robles que estaba en Catedral decía: “Este hombre es un Varón Justo”.

5.  Cuando yo conviví en el Obispado observé que era muy madrugador, se levantaba muy temprano a hacer oración, una oración muy fervorosa y constante, siempre de rodillas en su reclinatorio, con mucho recogimiento, no quería distracciones de ninguna especie, también rezaba el Angelus en la capilla. La Santa Misa y el Santo Rosario lo hacía con mucha devoción y fervor, como que hablaba con Dios, como que lo estaba viendo personalmente, con mucha fe, siempre estaba en lo que estaba.

 

 

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